miércoles, 16 de diciembre de 2009

El camino es la casa


Para Miguel, cuyo nombre quiere decir el aire que respiro.

Había tormenta sobre el océano y tú, bajo el martillo de la lluvia, tendiste un puente sobre las grandes aguas y me animaste a cruzarlo hasta un nuevo continente.

La tempestad arreció cada que pudo y golpeó con fiereza el camino, rompió las tablas y soltó las cuerdas, me arrepentí de seguirte y te lamentaste de haberme traído contigo. Pero alguna vez que estuve a punto de caer por la borda, tu mano presta me salvó del abismo; y otra vez que quisiste rendirte, mis ojos severos te pusieron de nuevo en marcha, primero a regañadientes y luego, poco a poco, con esperanza renovada.

Y andando a trompicones sobre la mar picada el puente que construiste, fuimos soñando con lo que encontraríamos en la nueva tierra, cantábamos que no sería como el mundo anterior, árido y quebradizo, sino hecho su suelo de pan dulce y sus aguas de leche, sus florestas de cuajada y sus ríos de té, sus bestias dóciles y se lengua prístina.

Y en esto veníamos, entretenidos con la risa y el olvido, con el te quiero y te perdono, que sin darnos cuenta alcanzamos la orilla.

Todo era como esperábamos, por aquí te vas tú, por allá me voy yo, cada uno a sus felicidades y al echar andar, cada vez que uno volvía la vista atrás, el nostálgico puente, desvencijado y medio podrido, seguía ahí. La tentación, o sea, la seducción, no siempre es un demonio porque el demonio mismo no siempre lo es.

Y uno primero y el otro también, corrimos de regreso al puente y a la tormenta a emprender el camino de regreso. Aquí nos tiene el mundo ahora, de nuevo sobre las olas con espumas afiladas como dientes de lobo.

Qué tontería, dirán algunos, al enterarse que esta vez cruzamos para no llegar porque apenas alcancemos la orilla, volveremos al puente y así una y otra y otra vez hasta que no tengamos más casa que el camino.
Con el tiempo más viejo y más ruinoso se pondrá el puente, y más tontos y más necios nos pondremos nosotros, ¿qué será, será?, ¡lo que sea sonará!

Al final de mi vida, estoy seguro, no tendré más que decirte gracias por haber tendido un puente sobre las grandes aguas y, a pesar de los pesares, dejarme vivir en él, vivir como debe ser, es decir sin miedo, es decir contigo, mi amor.

4 comentarios:

Pável dijo...

"Y andando a trompicones sobre la mar picada..."

Algunos lo llamarían cacofonía. Yo lo llamo música.

Gracias por compartir Raulito, dichosos ustedes.

Algún día el amor se fijará en nosotros, los otros, los que le escribimos cartas desesperadas y canciones melosas.

fritzio dijo...

Ay la mar, la mar, la mar, la mar de tus ojos

...porque me vuelve loco...

Social Drinking y Su Sonido Chikinasty dijo...

seaside :)

homar dijo...

Linda idea el pensar que el amor es un camino donde se habita. Y en efecto asi es, pues aunque a veces se piense al amor como totalidad, en realidad, es una busqueda que no concluirá (al cielo gracias) hasta que de plano nuestro corazoncito deja de palpitar. Como es inicio de año, es bueno decir gracias a quienes me han roto el corazon, yo si los quiero, e hicieron bien en dejarme. Yo dejare también a "ese" que dejaron y que de hecho ya no está, y asi, todos seremos felices.