domingo, 21 de febrero de 2010

El gobierno que se merece


Una experiencia laboral reciente acaba de confirmar a nivel microcósmico ese refrán que dice “cada pueblo tiene el gobierno que se merece”. Personalmente nunca me he sentido de acuerdo con tal cosa pues considero que, por ejemplo, el pueblo de México no se merece, en general, ser gobernado por esta runfla insultante de políticos. Normalmente evitaría pensar en estas cosas porque al hacerlo siento que doy vueltas en círculo en un circuito de reflexiones aburridas. Tarde o temprano llego a la conclusión (lugar común de las señoras chismosas) de que “no hacemos nada” para cambiar las cosas, pero pese a la convencida convicción con que afirma esto la señora que vende memelas en la esquina, no puedo dejar de tener la sensación de que es mentira, o al menos, una verdad insuficiente para explicar algo tan complicado, algo tan irreductible, me parece, a la apatía de la sociedad civil. En fin, la anécdota que voy a contar me hizo volver al punto, un poco a mi pesar:

Ocurrió que trabajando en una producción de teatro muy tacaña (escudada en el argumento de que es muy pobre), el director decidió ensayar en un lugar que queda hasta el quinto infierno (para los lectores no chilangos, eso quiere decir que está muy requete lejos) porque era el único espacio gratuito a la mano. Los actores nos inconformamos por lo bajo y resolvimos exponerlo al director antes de comenzar a trabajar. Yo era el más enardecido puesto que a las tres horas de ensayo, haciendo cuentas, habría que invertir otras tres entre idas y vueltas para llegar al lugar, o sea ¡seis horas en total! Demasiado, según yo. Conciente, pues, de que iba a ser yo el que abriera la caja de Pandora, amenacé a mis compañeros con “chin chin” el que me deje morir solo… y dicho y hecho. Todos calladitos. Mi intentona se frustró ante la falta de apoyo y por supuesto, el cambio esperado, obviamente, no ocurrió. Lo peor es que al terminar el ensayo, los mismos actores palurdos que hicieron pico de cera en el momento en que debieron hablar, salieron cuchicheando que seguían enérgicamente inconformes. Bah.

¿Qué lección se extrae de todo esto? Ninguna porque no es lo mismo ocho actores que cien millones de mexicanos, pero si nos ponemos a hacer generalizaciones salvajes, sólo por divertirnos, diríamos que el mexicano está bueno para atizar la lumbre, pero malo para decir “esta boca es mía” cuando arde el incendio. Dice la consigna que “el pueblo unido jamás será vencido”, pero ahí justamente tuerce el rabo la marrana, ¿cuándo ha estado unido todo el pueblo? Que yo recuerde, sólo cuando se murió Pedrito Infante, y ni aún así, para ser honestos. De lo cual se puede deducir que siempre de los siempres será vencido el pueblo. ¿Tenemos el gobierno que nos merecemos? Sigo creyendo que no, aunque lamentablemente, lo que acabo de contar, demuestre que sí. Mientras tanto, yo sigo invirtiendo seis horas en ensayar o más si al sindicato de luz se le ocurre cerrar División del Norte en viernes de quincena a la hora pico.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Fuff...
Atte. El dire...

Anónimo dijo...

... Pero que lindo es esto, dar por la espalda ¿NO?...

Anónimo dijo...

Se toma de quien viene... No eres nadie...

La lengua de Astarthe dijo...

En realidad cada quieén tiene lo que le toca en la vida, tratando de encontrar un orden en el cosmos, pero creo los pequeños cambios mueven muchas cosas. Espero que los palurdos compañeros de trabajo que tengas encuentren la fuerza para decir lo que piensan si las cosas pueden cambiar Adelante!!! y si no por lo menos la queja está hecha y algo cambiara eso es definitivo, he dicho.